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jueves, 15 de noviembre de 2007

Aceptable en los 80


Mi fascinación por la década prodigiosa ha quedado patente con anterioridad. El otro día, mientras escuchaba junto a mi hermana el disco 'I Created Disco' de Calvin Harris, ambos fuimos conscientes de una de esas cosas que suelen estar delante de nuestras narices todo el tiempo pero que no solemos ver precisamente por su cercanía: cada uno pertenecemos a un extremo de los 80. Después de este pseudodescubrimiento, pasamos a hablar de lo orgullosos que estábamos de pertenecer a esta época, aunque tampoco pudimos encontrar un motivo para este orgullo. Simplemente, nos gustan los 80.
Reflexionando a solas algo más tarde, llegué a la conclusión de que una década no se puede delimitar tan fácilmente, y menos una como la que nos ocupa, cuya idiosincrasia se empezó a notar antes de las 0 horas de 1980 y se siguió notando hasta bien entrados los 90. Llegué a la conclusión de que los 80 me gustan porque son puro exceso, porque son los años en los que la clase media empezó a vivir bien y, por consiguiente, todo lo importante dejó de importar. Todo era música, colorido, diversión. La seriedad se diluyó y la superficialidad comenzó su reinado.
Sobre todo hay dos aspectos de los 80 que me encandilan:

- Las pintas (la moda pero también el diseño gráfico, la fotografía, la publicidad, etc)
















- La música (que tiene mucho que ver con la pinta, debido al advenimiento de los vídeos musicales).
















Por eso me ha congratulado encontrar estas dos galerías en el nunca bien ponderado Flickr. En la primera, se recogen algunas páginas de una revista llamada Wet Magazine, que comenzó a publicarse en Los Angeles en 1978, justo en plena era new wave. Al principio era una publicación dedicada al nada desdeñable arte de la higiene, pero más tarde dio cabida a todo tipo de contenidos, pasando a la posteridad por ser el primer espacio en el que Matt Groening, el creador de Los Simpson, publicó sus más tiernos trabajos.
La segunda es una galería de cantantes de R&B de la época, en la que se puede apreciar como sin un look a la altura no eras nadie en el mundo de la música. Aunque, la verdad, estos artistas no es que sean muy conocidos...
Y, para corroborar mi teoría, he añadido una lista (arriba a su derecha) gracias un descubrimiento también reciente e igual o más adictivo que Flickr, finetune, con las canciones más señeras de la new wave anglosajona, lo que demuestra que los 80 se iniciaron antes de su principio oficial.

PD: le tomo prestado el título del post al jitazo de Calvin Harris:

domingo, 28 de octubre de 2007

La saltología

Todo está conectado. Releyendo la novela del escritor argentino Rodrigo Fresan, 'Vidas de santos', redescubrí un capítulo titulado 'Música para destruir mundos (un experimento)', en el que el pianista Glenn Gould habla de su (hipotético) encuentro con el creador de la bomba atómica, el doctor J. Robert Oppenheimer. En un párrafo se menciona el retrato de este científico que realizo el fotógrafo alemán Philippe Halsman, inventor de la saltología.

La vieja postal, las resignadas pupilas de la dulce Lise y, ahora, la célebre foto de Oppie modelo 1958. Oppie congelado en el aire, saltando frente a la cámara de ese fotógrafo adicto a capturar celebridades en suspensión y ajenas por unos segundos a los impostergables imperativos de la gravedad. Y estas palabras de Oppie acompañando a esa foto: "En el aire, lejos del suelo, todos son auténticos; la verdad aparece, siempre, cuando no se la puede apoyar en ningún lado".
Oppie en el aire, entonces: el índice extendido, desafiante, a los cielos y a todo lo que pueda esconderse en las alturas. Atrás, a sus espaldas, un pizarrón rebosante de fórmulas nos recuerda que, después de todo, Oppie tiene poco que ver con este mundo, con el suelo que pisamos cada mañana. Oppie y las fórmulas de Oppie prefieren ocuparse de la luz que viene de muy lejos, de otra parte antes que de nosotros quienes no somos más que la sombra que proyecta esa luz al chocar contra materia más o menos sólida, más o menos verdadera y real.

Cuando leí 'Vidas de santos' por primera vez no sabía quien era Halsman. Pero hete aquí que las navidades pasadas, rebuscando entre las ofertas de una librería, encontré 'Halsman: a retrospective', un libraco que reunía los mejores retratos de este fotógrafo.
Cuando los observé por primera vez no reparé en el del doctor Oppenheimer. Pero hete aquí que se me ocurrió releer la novela de Fresán y, cuando llegué a 'Música para destruir mundos', releí 'Halsman: a retrospective' y esa imagen se reveló como algo importante.
Como explica el mismo Fresán, Halsman gustaba de suspender a las celebridades en el aire. Pero la invención de la saltología no era un fin en si misma, era un medio para reflejar la personalidad de los retratados. Y asimismo su belleza. Y vaya si lo consiguió. Algunos de sus trabajos se han convertido en iconos del siglo XX, como las imágenes que captó de Salvador Dalí, Einstein o Marilyn Monroe.

Halsman, emigrado a Estados Unidos, inmortalizó a algunos intérpretes de la edad dorada de Hollywood y supo captar su esencia como ningún otro fotógrafo pudo. Sus retratos de Audrey Hepburn, con un halo de hojas (más parecida que nunca a Bambi), son algunas de las imágenes más bellas que se conservan de esta actriz. Y mira que se conservan cientos y cientos.

Halsman retrató a muchas otras figuras de las artes y las ciencias, en el aire o en tierra. Entre mis imágenes favoritas: las del matrimonio Newman-Woodward, en una escena hogareña, la de los Duques de Windsor, o como la vieja nobleza conserva su elegancia cuando desafía a la gravedad, la de la cantante Eartha Kitt (¿cómo se volvió luego tan petarda?), la de Vladimir Nabokov cazando mariposas, el aire triste de Anthony Perkins inclusive en el aire o la belleza de Barbra Streisand, que se les ha escapado a muchos otros fotógrafos.

Todo está conectado. Halsman buscaba la verdad y la belleza y para ello lanzaba a sus modelos al vacío. Fresán busca la verdad (no sé si la belleza) y para ello recurre al momento en el que el fotógrafo inmortalizó al doctor Oppenheimer. Yo, que busco únicamente la belleza (buscar la verdad me parece demasiado pretencioso), los encontré a ambos. Y, por ello, me adhiero a ese culto que uno inventó y el otro dotó de la inmortalidad literaria, la saltología. Desde arriba todo se ve mucho más hermoso.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Mira lo que has hecho de mí II

Hace un año aprendí que este blog es una de esas cosas que sólo existen en el ciberespacio pero de vez en cuando se entrometen en la realidad, esa en la que las cosas se pueden tocar. Hace un año una reflexión en la irrealidad me transformó en algo que hasta el momento no había sido. Yo decidí devolverle el favor a esta red sobresaturada con un nuevo lugar en el que reflejar aquello en lo que Anita me había convertido, aunque desde entoncés no le haya hecho demasiado caso. Pero mi nuevo estado no se reduce a un solo aspecto, sino que tiene diversas variantes. Hasta el momento únicamente había explorado una de ellas. Después de un año, Anita ha decidido que no puedo quedarme donde estaba, que debo avanzar y que es bueno que me aventure de lleno en nuevas experiencias, de las que pueden brotar cosas hermosas, sublimes incluso.
¿Qué quiere decir todo esto? Que soy propietario de una nueva y flamante cámara lomográfica, esta vez una ojo de pez, y que esta vez voy a intentar actualizar Diario de un lomógrafo más a menudo. Por el momento, cuelgo una muestra de lo que ha dado de sí el primer carrete, gastado en gran parte en nuestro reciente periplo centroeuropeo.

Cerdo Náměstí Republiky

domingo, 1 de abril de 2007

El calendario perfecto

Un gran sabio dijo una vez que, desde que se separaron Martes y 13, ya no es necesario cambiar de año. Aun así, la peña se empeña en imprimir calendarios y calendarios con el nuevo año, como si el 2007 no fuese igual que los anteriores, como si no leyésemos siempre las mismas noticias en los periódicos, como si no viésemos siempre las mismas películas, como si voltear las páginas del nuevo calendario pudiese llegar a significar que las cosas cambian.
Ah, pero si rebuscamos en la realidad que nos rodea aún podemos encontrar motivos pra cambiar de año. El otro día me topé con una: el portafolio anual de la revista Vanity Fair dedicado a Hollywood, a cargo de la fotógrafa Annie Leibovitz.
Cada marzo (coincidiendo más o menos con la entrega de los Oscar) esta publicación reúne a algunos de los actores en alza del cine norteamericano y realiza un reportaje fotográfico en el que intenta sacar lo mejor de cada uno (con algunos lo tiene difícil).
Pero este año la gran Leibovitz se ha superado a si misma. En vez del típico posado elegante o sexy, ha decidido vestir de época a los intérpretes y obligarles a intervenir en un homenaje a los clásicos del cine negro titulado 'Killers kill, dead men die', un historia de violencia y bajas pasiones en la que cada uno encarna a un prototipo del género. Por ejemplo, Julianne Moore es La Mujer Misteriosa, Pedro Almodovar (el único director del casting) es El Dueño del Club o Jennifer Conelly es La Confidente.
No sé a vosotros, pero a mí encanta el cine negro norteamericano: adoro 'Forajidos', 'Perversidad', 'Perdición' o 'Laura'. Y, que le vamos a hacer, también me gustan los actores americanos (no todos pero sí la mayoría de los que aparecen en este reportaje), idolatro a Ed Norton, a Naomi Watts, al Gran Jack, a Kate Winslet, a Tobey Maguire o a Kirsten Dunst, por eso estos retratos me parecen superlativos.

Vanity Fair 12

Vanity Fair 14

Vanity Fair 11

Vanity Fair 8

Vanity Fair 5

Vanity Fair 4

Vanity Fair 2

He encontrado un nuevo motivo para cambiar el calendario el año que viene. En esta ocasión, cada mes del año corresponderá a una de las fotos de la Leibovitz. No es que así consiga que el 2008 sea diferente al resto, pero al menos desearé cambiar de mes para contemplar durante 30 días una de estas imágenes.
Quizá alguien todavía cree que los calendarios sirven para llevar la cuenta del tiempo que pasa o falta, pero solamente sirven para que contemplemos las fotos. Este calendario apoyaría mi teoría de que el tiempo es un artefacto inútil: estamos en 2007 pero podemos estar al mismo tiempo en los años 40. Sólo hace falta dejarse llevar.

Nota: el resto de las fotos, aquí.

viernes, 25 de agosto de 2006

Mira lo que has hecho de mí

Es la primera vez que este blog ha tenido alguna consecuencia, por muy leve que esta sea, en el devenir de mi existencia cotidiana. Lo cual no sé si es bueno o malo. Tuve un profesor que decía que nada de lo que veíamos en la pantalla del ordenador era real, pues le faltaba el soporte físico. Los textos no eran reales, las imágenes no eran reales, asomarse a internet era como penetrar en el insondable universo de la imaginación. El hombre no lo decía con maldad, debía de pasarse horas y horas delante del ordenador, pero creo que en sus palabras se escondía una advertencia: no debemos creer que nuestro mundo se reduce a lo que conocemos a través de este siniestro planeta virtual. Hay que leer libros de verdadero papel, hay que acudir a contemplar los cuadros o las fotografías a un museo, hay que hablar con la gente mirándose a los ojos. Por eso hasta ahora pensaba que lo escrito en este blog no podía repercutir en mi realidad, como si se tratase de algo que ocurría en otra dimensión, esteril con respecto a esta. Pero ahora, he cambiado de opinión. Hace tiempo escribí una entrada sobre la lomografía, un concepto que desconocía y que me llamó la atención. No sé si lo encontré absurdo o sublime, pero jamás pensé que acabaría siendo un lomógrafo. Anita ha hecho un lomógrafo de mí. ¿Y qué se me ocurre? Para completar el círculo y devolverle el regalo a la irrealidad, he creado un nuevo blog al que algún día dedicare algo de mi tiempo. Pero lo más importante es que he aprendido que internet puede tener consecuencias en esta nuestra dimensión. Ahí es nada.

Satin colcha de flores