miércoles, 26 de diciembre de 2007

Elogio de los libros de segunda mano

Me encantan esos libros de segunda mano que se abren por aquella página que su anterior propietario leía más a menudo. El día que me llegó el ejemplar de Hazlitt, se abrió por una página en la que leí: “Detesto leer libros nuevos.” Y saludé como a un camarada a quienquiera que lo hubiera poseído antes que yo.

Sucios, ajados, desencuadernados, subrayados, con las tapas rotas, cuarteadas, con páginas arrancadas, con estrambóticas dedicatorias... Aun así, no podemos evitar adquirirlos por lo que nos pidan. ¿Quién no ha comprado alguna vez un libro de segunda mano? Por supuesto, no faltan los maniáticos que prefieren los volúmenes nuevos, vírgenes de otros ojos y otras mesillas de noche. No es mi caso. Tampoco lo era el de la escritora norteamericana Helene Hanff, que frecuentaba una librería de viejo de Londres, Marks & Co, para conseguir ejemplares que en su país eran imposibles de encontrar. La peculiaridad que encierra este simple hecho es que ella nunca visitó dicho establecimiento. Encargaba los libros por carta y éstos eran enviados a su casa del mismo modo. La correspondencia entre la señorita Hanff y el librero encargado de la cliente transoceánica, Frank Doel, es el eje en torno al cual gira '84 Charing Cross Road'(el título hace referencia a la dirección en la que se emplaza la librería), un texto que bien podría ser una novela epistolar. Si fuese una novela, claro. Cuando uno acaba de leer esta historia se maravilla de que los personajes hayan habitado el mismo mundo que uno pisa a diario. Un mundo cuyos inquilinos son capaces de los más elevados pensamientos y sentimientos.

¡Qué mundo tan extraño éste nuestro, en el que uno puede adquirir para toda la vida algo tan hermoso..., por lo que cuesta una entrada para un cine de Broadway, o la quincuagésima parte de lo que te cobra un dentista por empastarte un diente!
Claro que, si vuestros libros costaran lo que valen, yo no podría permitirme comprarlos...

84 charing cross road

Helene Hanff era una intelectual autodidacta que, gracias a su asiduidad a las bibliotecas públicas y sus caóticas lecturas, adquirió una cultura clásica envidiable. Nunca le importaron los autores de moda. No se arriesgó a comprar un libro que no hubiese leído antes. Si existieran más lectores como ella, los editores iban listos. Pero, en las últimas décadas, la literatura ha empeorado de una enfermedad de la que ya se manifestaban vagos síntomas en la época en la que se escribieron estas cartas (un extenso periodo que va desde el final de la segunda guerra mundial hasta los años 60): el negocio de las letras.

Cada primavera hago una limpieza general de mis libros y me deshago de los que ya no volveré a leer, de la misma manera que me desprendo de las ropas que no pienso ponerme ya más. A todo el mundo le extraña esta forma de proceder. Mis amigos son muy peculiares en cuestión de libros. Leen todos los best sellers que caen en sus manos, devorándolos lo más rápidamente posible..., y saltándose montones de párrafos según creo. Pero luego JAMÁS releen nada, con lo que al cabo de un año no recuerdan ni una palabra de lo que leyeron. Sin embargo, se escandalizan de que yo arroje u libro a la basura y lo regale. Según entienden ellos la cosa, compras un libro, lo lees, lo colocas en la estantería y jamás vuelves a abrirlo en toda tu vida, ¡PERO NUNCA LO TIRAS! ¡JAMÁS DE LOS JAMASES SI ESTÁ ENCUADERNADO EN TAPA DURA! Pero...¿por qué no? Personalmente creo que no hay nada menos sacrosanto que un mal libro e incluso que un libro mediocre.

El final de ’84’ sumerge al lector en una honda tristeza. La librería de Charing Cross Road cerró sus puertas y Helene Hanff, a pesar de sus esfuerzos por forjarse una carrera en el complicado camino de la literatura, no consiguió gran cosa y acabó malviviendo de los derechos cinematográficos y teatrales que generaron las adaptaciones de su único libro famoso. Éste alcanzo cierto éxito en los 70, sobre todo en los países angloparlantes, pero su estrella fue palideciendo con el paso del tiempo y se ha transformado paulatinamente en un libro de culto, es decir, uno que jamás contemplaremos en las mesas de las grandes superficies. Las leyes del mercado se han impuesto.
Pero yo, imitando el patentado Modo de Lectura Hanff, lo tomé prestado de una biblioteca pública y ahora deberé esperar a encontrarlo en los abarrotados estantes de una librería de viejo para llevármelo de nuevo a casa y así poder releerlo y releerlo. Éste es el único modo de poseer un libro.

10 parlamentarios:

Valmón dijo...

Me encanta, si lo mejor de un libro de segunda mano es eso, saber que alguien lo ha leído con cierto amor y que su experiencia sigue ahí de alguna manera...
Aunque dependiendo del libro lo prefiero de primera, los de segunda tienen un cierto olor que me gusta.
Precioso post

stgmarsan dijo...

tenemos que ir una tarde, o una mañana el fin de semana, a una librería de segunda mano cerca de la plaza del dos de mayo. me gusta por la selección de libros, se ve que el dueño no los compra al peso.

Lluvia Pérez dijo...

Firmin, de Sam Savage. Ya nos contarás.

Me ha encantado el post.

pikonasso dijo...

A mi me gustan los libros con dedicatorias a extraños. Tengo un ejemplar de 30 millones de gilipollas (obra de teatro de Mauro Entrialgo) comprada en un cierto país extranjero , con esta dedicatoria:
"Al más grande"
Al principio no caí, pero después me dí cuenta que era al más grande de los gilipollas, claro.

carmen dijo...

Mi libro de segunda mano preferido es "El Valle de las niñas", me encanta el color de sus páginas y el olor que desprende, y sobretodo su valor, me regaló un buen amigo mío y lo guardo con mucho cariño.
Papá Noel te ha dejado un regalito en mi blog, cuando quieras puedes pasar a recogerlo.
Hasta pronto!

altovolta dijo...

Saludos, amigos gatunos. Aunque no lo parezca, os sigo la pista. Así que felices fiestas y próspero año nuevo. Y viva los libros de viejuno, siempre que no atufen a caldofrán.

Isabel dijo...

mi libro de 2º mano favorito es la primera edición de El Pianista de Wladyslaw Szpilman. Me lo regalo un amigo mucho antes de que se llevara al cine y fue tan impresionante su lectura que cada vez que lo leo siento el frío de un edificio abandonado.


Sin embargo el libro que más he releído es Como agua para Chocolate.Cosas de los 15 años.

Es un post fabuloso.

Feliz todo!!! :)

Luisru dijo...

Valmón: también hay libros que prefiero de primera mano, el consumismo, supongo.
Stg: creo que sé a qué librería te refieres pero no he entrado nunca.
Lluvia: el otro día vi el libro que mencionas en unos grandes alamcenes de cuyo nombre no quiero acordarme y me llamó la atención la portada. A ver si consigo que alguien me lo regale.
Pikonasso: lo de las dedicatorias es tronchante, yo tengo un libro (¿Sostiene Pereira? no lo recuerdo con exactitud) dedicado "A mi camarero favorito"). La historia que se puede esconder detrás de eso.
Carmen: no conozco El valle de las niñas pero investigaré.
Altovolta: te añorábamos.
Isabel: no he leído ninguno de los dos, pero los pndré en mi lista de pendientes para 2008.
Feliz año nuevo a todos.

Paco Bernal dijo...

Yo caí enamorado de Helen Hanff gracias a Anne Bancroft y la adaptación cinematográfica de su libro (¿Por qué será que yo, cada vez que veo a A.Hopkins siempre le veo cara de loco?). Soy incapaz de tirar libros. Es una patología como otra. Y los recojo de los basureros y los contenedores, y los adopto, como si tuviera el síndrome de diógenes. Todo me vale. Tengo libros e idiomas que no entiendo, incluso. Que ya es el colmo de la colgadura.
Mi libro favorito de segunda mano es una edición de "El Abrecartas" de Molina Foix que empecé a leer sin convicción pero que se convirtió en un agradable hallazgo. Fue uno de esos de:
-Yo ya lo he leido, quédatelo si quieres.
También releo mucho y no entiendo cómo la gente no relee. Los libros están para disfrutarlos, para conversar con ellos. Para alumbrarlos, a cada edad, con otra luz.

Lluvia Pérez dijo...

Que no te eche para atrás el hecho de que lo vendan en los innombrables.
Si fueran otros tiempos te diría que te lo metieras bajo la cazadora. Pero con los detectores y con los Reyes a la vuelta de la esquina, tu opción es la correcta.