Mostrando entradas con la etiqueta gafapastismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gafapastismo. Mostrar todas las entradas

martes, 30 de enero de 2007

Maria Antonieta y los anuncios de compresas

Era inevitable. Tarde o temprano, tenía que acabar viendo 'María Antonieta'. Uno puede intentar mentirse a sí mismo, pero que te entusiasme 'Lost in translation' y detestes 'Million dolar baby' hace que se revele tu verdadera naturaleza: eres un gafapasta.
Pues eso, como el segundo trabajo de Sofia Coppola me obnubiló no podía perderme el siguiente: una revisitación de la vida de la polémica esposa de Luis XVI, muerta en la guillotina en 1793.
Rara elección en un principio, pero que se adapta como anillo al dedo para las sensaciones que la Coppola quiere transmitir y que son similares a las que se advertían en 'Lost..'. Tanto se parecen que a ratos podría ser la misma historia que transcurre en tiempos distintos: joven atribulada que viaja a un país extraño donde todo es diferente al lugar de donde procede. La soledad que experimenta le hace caer en un estado de impotencia del que consigue apearse solo a medias. La directora elige una etapa en concreto de la vida de la reina: sus años en Versalles, haciendo hincapié en aquellos en los que no concisguió consumar su concertado matrimonio con el pusilánime de su esposo. La verdad, los últimos años de la vida de Maria Antonieta son mucho más interesantes: su encarcelamiento (durante su estancia en prisión, los revolucionarios se entretenían en pasear por delante de su ventana la cabeza de su íntima amiga la princesa de Lamballe clavada en una pica); su juicio (el acusador público, Fouquier-Tinville, consigue que el príncipe declare que su madre le obligaba a masturbarse); y su ejecución (se tropezó subiendo al cadalso y pisó al verdugo que estaba a punto de guillotinarla. Entonces pronunció una frase mítica: "Perdón").

Maria Antonieta y amigas

Un profesor de la facultad (no recuerdo cual) nos decía que las películas de época son en realidad el reflejo camuflado de la época en la que se realizan. Sofia Coppola seguramente se siente culpable de su estilo de vida alegre y despreocupado y, a modo de exorcismo, traza una parábola sobre las vidas de la gente bien a través de los asiduos de la corte francesa: las interminables fiestas, los bailes, los zapatos, los pasteles, el alcohol, el sexo, en definitiva, esos placeres culpables que a todos nos hacen un poco más felices aun hoy en día.
Pero hay algo que diferencia a esta película del resto de reconstrucciones históricas más o menos pretenciosas: su puesta en escena. Una puesta en escena MUY discutible. La mayoría de la gente que ha afirmado sin rubor que esta peli es un bodrio lo ha hecho por sus tonos pastel, por sus escenas edulcoradas, por su ritmo sosegado. Yo creo que la cinta tiene una lógica interna que alimenta la elección de reflejar esta historia de manera tan blanda, y es que Maria Antonieta es una niña cuando llega a Francia, una niña bien que vive en un mundo de luz y de color donde el dolor o la tristeza no existen. La historia está contada desde su perspectiva de adolescente superficial y cursi. Por eso es tan blandengue.
La elección de la música es asimismo harto discutible, pero creo que casan bien con ese montaje pausado. De haberlo acelerado, con esas canciones, se hubiese asemejado demasiado a un videoclip.
¿Y a qué se asemeja esta 'María Antonieta'? Pues según mi encantadora parteniere Anita B, a un anuncio de compresas. Kirsten Dunst con el pelo suelto, corretrando por el campo junta a una niña rubia y un corderito; Kirsten Dunst volviendo a palacio mientras el sol se despliega sobre los jardines; Kirsten Dunst revolcándose por la hierba (castamente; carne se ve la mínima imprescindible)con un apuesto noble sueco... En fin, imágenes a las que se les podía incorporar una voz en off que dijese "¿A qué huelen las cosas que no huelen?". Y no digamos las escenas de la reina y su consorte probándose Manolos y devorando pasteles, encajan a la perfección en el imaginario de Isabel Coixet. ¿Quiere decir esto que en la próxima campaña de Evax contratarán a la hijísima? Desde luego, méritos ha hecho.

Maria Antonieta

Anita B también apreció que Kirsten Dunst camina como E.T. y quizá tenga razón, hace mucho que no veo 'E.T' y no recuerdo cómo camina, pero hasta ella tuvo que reconocer (y eso que la odia) que Kirsten Dunst sostiene el personaje con sobrada soltura. Aunque claro, al lado de la grandísima Judy Davis, el resto de los actores parecen amateurs.
Para despachar el asunto, unas palabras de Borja Hermoso, crítico de cine de El Mundo Inmundo. Su blog no me entusiasma pero eso no me priva de compartir algunas de sus opiniones. Después de ver dos veces esta peli, declara: "Hay algo en ese almibarado artefacto que me envuelve (...)Es molongui 'Maria Antonieta', viéndola me entran ganas de vivir un día, aunque sólo sea uno, en la Corte de Versalles, aunque sea como camarero."
A mí también.


P.S. Blogger me ha obligado a "integrarme" en la nueva versión, que no me gusta un pelo. Veremos cuanto tarda en darme problemas.

martes, 2 de enero de 2007

La cosmogonía de los blogs

Hay que ver la manía que tiene el ser humano de convertirlo todo en una mitología.
Debemos reconocerlo: nuestra religión es un coñazo. Aparte de que sólo hay un dios, los santos son aburridísimos, todos tan buenos, tan castos, tan irreprochables. La mitología griega molaba más porque había mogollón de diosas y dioses y se liaban todos entre sí, iban siempre semidesnudos y trataban a los desprevenidos mortales peor que a animales domésticos. Pero el cristianismo los encerró en alguna oscura mansión cuya llave se ha perdido y por eso, sentimos la necesidad de adorar a otros dioses que no sean perfectos, en cuyos defectos podamos vernos reflejados. Estas divagaciones no son culpa de los excesos de la Nochevieja, sino del libro que estoy leyendo, 'Las bodas de Cadmo y Harmonía', de Roberto Calasso, un paseo por los dioses y héroes griegos, o lo que es lo mismo, por el origen del pensamiento occidental. El origen es el tema central de este libro a medio camino entre la narración y el ensayo. El origen del universo, el origen del hombre, el origen de nuestro continente, nuestro propio origen. De pequeño yo también sentía fascinación por la mitología, como lo pasó a Luis Cernuda. Lo cuenta en su maravilloso libro 'Ocnos':

EL POETA Y LOS MITOS

Bien temprano en la vida, antes que leyeses versos algunos, cayó en tus manos un libro de mitología. Aque­llas páginas te revelaron un mundo donde la poesía, vivificándolo como la llama al leño, trasmutaba lo real. Qué triste te apareció entonces tu propia religión. Tú no discutías ésta, ni la ponías en duda, cosa difícil para un niño; mas en tus creencias hondas y arraigadas se insinuó, si no una objeción racional, el presentimiento de una alegría ausente. ¿Por qué se te enseñaba a doblegar la cabeza ante el sufrimiento divinizado, cuando en otro tiempo los hombres fueron tan felices como para adorar, en su plenitud trágica, la hermosura? Que tú no comprendieras entonces la casualidad profunda que une ciertos mitos con ciertas formas intem­porales de la vida, poco importa: cualquier aspiración que haya en ti hacia la poesía, aquellos mitos heléni­cos fueron quienes la provocaron y la orientaron. Aun­que al lado no tuvieses alguien para advertirte del ries­go que así corrías, guiando la vida, instintivamente, conforme a una realidad invisible para la mayoría, y a la nostalgia de una armonía espiritual y corpórea rota y desterrada siglos atrás de entre las gentes.

Quizá por esa querencia que sentimos de niños deseamos hacer una mitología con todo. Para demostralo existen los mitos del celuloide, los mitos de la música y hasta los mitos del balón.
La mitología no sirve para nada o sirve para todo: explica nuestra relación con el resto de los hombres, con el entorno, con la muerte, etc. Hasta podría haber explicado por qué nos pasamos tanto rato delante del ordenador si hubiese seguido vigente unos siglos más.
Esto de los blogs es relativamente reciente pero ya se ha empezado a configurar una especie de mitología del ciberespacio, que guarda inquietantes paralelismos con la griega. Nuestra querida contertulia Lluvia Pérez me ha hecho pensar al respecto: posee varios seudónimos, que se pueden identificar con las múltiples caras de Deméter, diosa también identificada con Rea y Gea, la mismísima madre tierra. Estas figuras representan sucesivas generaciones de divinidades que representan el mismo concepto, evolucionado a través del tiempo. Calasso habla de la cosmogonía, el origen de todo: en el principio de los tiempos sólo existían, Chronos, Tiempo-sin-vejez y Ananké, la Necesidad, que engendraron a la primera divinidad, Fanes, un hermafrodita que a su vez engendró a Urano y Gea, que engendraron a los titanes, que engendraron... Por esa misma linea podemos ir ascendiendo y establecer una cosmogonía del blogosfera.
En el principio sólo exisitían Escolar y La Petite Claudine. No se conoce su procedencia a ciencia cierta, aunque hay quien asegura que existían antes de que la blogosfera fuera concebida.


Todos tenemos un pasado.


Mezclando sus fluidos engendraron a gran cantidad de hijos, algunos parecidos a ellos, como Periodistas 21 o Dadanoias, otros no tanto, como Microsiervos. Después, los dioses de la segunda generación se enrollaron entre sí y el ciberespacio comenzó a mirarse a sí mismo, con la aparición de Pixel y Dixel o Papel Continuo.
Más tarde, estos dioses dieron lugar a millones de hijos, pero la raza se fue degradando, la mayoría ni siquiera podían aspirar a la inmortalidad, pues carecían de criterio, sus obras eran una colección de tontunas. Tomemos un ejemplo cualquiera, un blog llamado 'El callejón de los gatos'. Nacío de dos divinidades menores, 'Efímera' y 'Diario casi diario de un lector de periódicos'. Otro semidios, 'Qué la viga en el propio', le ayudó a dar sus primeros pasos, pero a pesar de su origen divino, debió resignarse a ser uno más entre tantos semidioses condenados a la extinción. Algunas veces, en la blogosfera, aparecía alguien capaz de hazañas portentosas, como Rosa Belmonte o Félix de Azúa. Estos fueron los heroes, pero la mayoría procedían del mundo real o se marchaban a él, porque este se les quedaba pequeño y no podían evitar que la blogosfera se dirigiera sin remisión a su fatal destino: seguía expandiéndose sin llegar nunca a detenerse, pero a sus habitantes les asaltaba en ocasiones un terror súbito. ¿Alcanzarían los blogs el insondable límite del ciberespacio? Y cuando lo hiciesen, ¿acabarían extinguiendose como los dioses griegos?
Estas cuestiones no tienen importancia, un antiguo, en la contraportada del libro de Calasso, lo explica mejor que yo.

"Estas cosas jamás ocurrieron, pero existen siempre".