miércoles, 14 de febrero de 2007

El Moscú satánico

El pobre Mijail Bulgakov no vivió para ver publicada su magnífica novela 'El maestro y Margarita'. La Rusia de Stalin no era un lugar muy agradable para los escritores, sobre todo si los escritores pensaban distinto de Stalin. Bulgakov lo hacía. En Rusia, en aquella época, no hacía falta airear el pensamiento, con que se levantase una ligera sospecha de que tus ideas se apartaban ligeramente de las oficiales, la llevabas clara. Bulgavok escribía un diario, uno de esos objetos que se supone privado, personal e intransferible. Como el cepillo de dientes, vamos. Pues las autoridades lo incautaron en un registro rutinario, así, como quien no quiere la cosa. ¿Y que se podía leer en el diario de Bulgakov? Que el estalinismo era una puta mierda, que estaba hasta los cojones de compartir su casa con unos desconocidos y de que sus obras de teatro fuesen recortadas a gusto de los censores, entre otras lindezas. No se sabe a ciencia cierta cómo el pobre Bulgakov escapó de las purgas, muy habituales por aquella época, y que también acabaron con muchos literatos, para que luego digan que los escritores no sirven para nada; de algo tienen que servir si las dictaduras ponen tanto empeño en silenciarlos.

El caso es que, un día, Bulgakov comenzó a escribir 'El maestro y Margarita' sin saber que apenas la terminaría. El protagonista de la novela es el mismísimo diablo, que, bajo el nombre de un ilusionista llamado Voland, se presenta en Moscú y empieza a hacer de las suyas: que si vuelvo loco al personal, que si lo teletransporto a cientos de kilómetros de su hogar, que si le arranco la cabeza a un presentador, que si convierto a una bella mujer en una bruja., etc. La clase de cosas que se esperan del diablo, ni más ni menos.

El maestro y margarita

Después del incidente del diario, Bulgakov intentó escapar de Rusia y escribió una carta a Stalin en la que solicitaba un visado para salir del país. La respuesta fue una llamada telefónica del mismísimo Stalin (que es como si una tarde te llama el mismísimo diablo), que le recriminó el querer marcharse de un país tan estupendástico como el suyo. Hay quien dice que Stalin sentía debilidad por Bulgavok, que le estimaba como escritor y por eso no acabó con él, habiendo eliminado a otros por mucho menos. Sólo el diablo sabe si será cierto.

Mientras tanto, 'El maestro y Margarita' se iba completando. A la mitad de la novela aparecen por fin el maestro y Margarita, amantes y residentes en Moscú. Se descubre entonces que el diablo ha viajado desde su cálido hogar hasta las gélidas tierras moscovitas para celebrar su baile anual (imagínense a los invitados). Como pareja, siempre debe disponer de una mujer llamada Margarita, oriunda del lugar donde tenga lugar esta peculiar celebración. Supongo que lo de Margarita será por la adorable compañera de Fausto, libro este, por cierto, con fama de abstruso completamente inmerecida. Intenten leerlo si no lo han hecho yo. Así que la suerte recae en la heroína de la novela, que resulta ser la amante del maestro, un trasunto de Bulgakov, un escritor cuya primera y única novela (la historia de Poncio Pilatos) fue destrozada por la crítica oficial.
No voy a contar el final (además, no sé si sabría explicarlo). Bulgakov terminó a medias la novela y se murió, se supone que después su mujer (su viuda ya) le metió mano al manuscrito, que se pasearía por las manos de los censores más tarde. Estos decidieron que, como la historia carecía de un héroe comunista, no la iban a publicar. Total, quien iba a querer leerla.

Así que finalmente la novela se publicó en los 60, finado ya Stalin y, más o menos, su régimen. Con el paso de las décadas 'El maestro y Margarita' se ha convertido en eso que suelen llamar una "novela de culto". Pero esta es de culto de verdad, de culto satánico. Si lees la novela, el diablo acaba pareciéndote un tipo simpático. Por eso en Moscú hay encantadores adoradores del diablo que se saben de memoria la novela y pierden su tiempo deambulando por los escenarios reales en los que transcurre. Se concentran principalmente en el número 50 de la calle Sadovaya. En uno de los apartamentos de esta casa se instala Voland con su cohorte. Actualmente, en este piso, en el que Bulgakov vivió una temporada, se ha instalado un museo en memoria del escritor. Pero la wikipedia asegura que los vecinos del edifico demandaron infructuosamente durante muchos años la creación de este museo sin éxito. ¿Por qué? Porque nadie sabía quién era el dueño del apartamento. Nadie lo conocía ni nadie podía dar pistas sobre su paradero. ¿Han pensado lo mismo que yo? ¿Un súbito escalofrío les ha recorrido la espina dorsal? La realidad se empeña siempre en superar a la ficción y, a veces, lo consigue.

4 parlamentarios:

Lluvia Pérez dijo...

El de Goethe me lo dejé a mitad hace tiempo, lo tengo por ahí apartado en el sitio de los clásicos (no tan básicos, al parecer). Lo de mitad es un decir, cuando llevas leído de un libro la mitad, a no ser que sea un tostón, lo terminas. A ver si me animo.

Y de Alemania a Rusia: cuánto buen autor y sólo se conocen o se leen obras aisladas de muy pocos. Lo que me duele es la dificultad de diferenciar los nombres de unos personajes con otros. A los Karamazov tenía que numerarlos.

cayetana altovoltaje dijo...

Como se entere Iker Jiménez...

pikonasso dijo...

Pedazo libro, uno de mis preferidos de siempre, Estoy seguro de que Mick Jagger compuso "Sympathy for the devil" después de leerlo, no me direis que no es ideal de fondo...
Mesiere, fenomenal elección para hablarnos hoy.

Betote dijo...

La gente, necesitada de ídolos, los encuentra en cualquier parte. No sería la primera vez que a partir de un libro se funda toda una religión...

Saludete.