martes, 4 de marzo de 2008

2666 en pastillas

La pastilla. Tata golosa ha vuelto. Una tarde se le ocurrió. Por qué no, se dijo. Por qué no regresar. Ah, sí, los micrófonos. Esta vez algo más descarado, más provocador. No leerlo, sino mostrarlo. Imagina las caras de los espectadores. Los micrófonos se convirtió en algo así como un clásico popular, algo de la más baja condición que de tan malo acababa siendo bueno. Como Los Nuevos Vengadores o Elvira, mistress of the dark. ¿Cómo hacerlo? Se presenta el reto. Àlex Rigola. A ese hombre de teatro al que una tarde se le ocurrió adaptar a Roberto Bolaño a los escenarios no le dio tiempo a escuchar el nuevo éxito de la italiana, pero tuvo la misma idea. Pastillas. Es el único modo. ¿De qué otra forma transformar en unas horas una novela de más de 1000 páginas? 2666 en pastillas. Efervescentes, coloridas, deliciosas, abyectas, alucinógenas pastillas.



La primera parte, la de los críticos. Profesores universitarios. Como en el chiste: un francés, una inglesa, un español... Buscan en México a un escritor alemán ¿Qué quitar, qué dejar? Si ni tan siquiera la novela parece tener sentido a pesar de su extensión, ¿cómo intentar dárselo en mucho menos tiempo? Pastillas, breves fragmentos en boca de los personajes. Todas las palabras que se pronuncian están extraídas del libro. Quizá no en el orden en que se dicen. La parte de Amalfitano. Un profesor chileno de filosofía que enseña a Wittgenstein, que habla con su padre muerto y que tiene una bella hija. Cristina Brondo. Los personajes van pasando de una parte a otra, también los actores. Se toman una pastilla mágica que les transforma en otras personas. La parte de los crímenes. Sangre y cruces. Poco más. Discutible. Un largo texto en la pantalla que Bolaño no escribió, que no quiso escribir. ¿Le hubiese gustado? Yo creo que no. ¿Pretende Àlex Rigola agradar a Bolaño? La parte de Archimboldi. El misterioso escritor alemán. Su identidad es revelada. Corre mucho. La Sra. Bubis enseña las tetas. Pero, ¿se llega a alguna conclusión? Una pastilla y a dormir. No me ha hecho efecto. Reposar durante 5 horas.
Dejo para el final, aunque no sea la última, la parte más lisérgica, la parte de Fate. Un puñado de actores encerrados en un cubo. El cubo es a la vez un ring de boxeo y una discoteca. Se comportan como si se hubiesen tomado una pastilla. Una de las malas. Y cuando ejecutan una coreografía al ritmo de ‘Gasolina’, uno toma conciencia de que Bolaño y Tata Golosa no están tan distantes. De nuevo la mierda y el arte se toman de la mano y nosotros experimentamos un subidón. La pastilla. Telón.

5 parlamentarios:

Isabel dijo...

no puedo con esta chica me siento tonta.

por cierto teneis un meme esperando...

Carmen dijo...

Material apto para todos los públicos? ufff más de uno es capaz hasta deponerse cachondo...
Sigo escuchando sin para tus micrófonos, son mi banda sonora habitual en mi horario laboral... Gracias, de verdad!

Lluvia Pérez dijo...

A ver, duda existencial: de los polis del principio, el de la izquierda ¿es Dinio o Risto Mejide?

pikonasso dijo...

Pero que friki que eres...
perdona por el golpe de estado en emepetreces, pero...

Luisru dijo...

Isabel, el meme, a ver si me pongo.
Carmen, ¿de verdad escuchas los micrófonos a todas horas?
Lluvia, está muy escuchimizado, más bien Risto.
Pikonasso Channing, no pasa nada, tú lo haces mucho mejor que yo...